Obra de Roberto Cedrón

Obra de Roberto Cedrón
Obra de Roberto Cedrón

viernes, 19 de mayo de 2017

Cuarteto Cedrón - CD Para nuestros hijos / presentación



Cedronianos, acabamos de recibir los primeros ejemplares del CD Cuarteto Cedrón "Para nuestros hijos" (ver información detallada en entrada anterior). El mismo lo encontrarán en el Teatro El Popular, en los dos próximos “Pucheros Misteriosos” (sábados 20 y 27 de mayo – 20.00h - Chile 2080). Y además, a partir del 16 de junio, en los lugares habituales de venta (por ejemplo Zivals). Difundimos el texto de presentación. No se pierdan esta antología. Es una auténtica joya. Un regalo sonoro absoluto. 50 años de historia poética y musical a la "altura" de los pequeños. Acá un adelanto del primer tema grabado en 1972: La casa del asiento de tortuga.

***


Lo que nos importa

No recuerdo la fecha exacta pero fue a principios de los años 2000. A Tata lo habían invitado a tocar a la Plaza de los Periodistas. Todavía no estaba radicado en Argentina pero tenía el proyecto de volver. Había amigos en esa plaza (además de los periodistas homenajeados): Obdulio Onofrio, Juan Molina y Vedia, Silvia… Tata empezó a cantar y yo busqué un lugar para escuchar. Me instalé detrás de una mujer que estaba con su hijito. El nene tendría unos cuatro años. Los recuerdo porque a la segunda o tercera canción, el nene empezó a gritar: “¡Tata! ¡Tata! ¡Cantá Los Ladrones!” Me impresionó. Pensé: qué país más bonito éste… un país donde los niños le hablan a Tata como si fuera un amigo y además… ¡le piden Los Ladrones!

El Cuarteto Cedrón tiene más de una historia con niños. La más famosa es la de Román. El hijo mayor de Tata que a los tres años recitó completito el poema “Los Ladrones”. Recitado que Tata logró grabar (y que se reproduce también en este disco).

Más allá de lo estrictamente familiar: algunos de los jóvenes que hoy trabajan con el Cuarteto lo escucharon de chicos porque ésa era también la música que escuchaban sus padres. Otros se acercaron de más grandes. Esto sucedió en Argentina, pero además en otros lugares. En plena dictadura (en Chile), en los años 80, mi padre cruzó la cordillera con algunos compañeros y encontró refugio en Argentina antes de reunirse con la familia en Francia. Durante su estadía en Buenos Aires quiso hacernos un regalo. El regalo fue el “Tradicional” del Cuarteto Cedrón. Un casete, quizás copiado. Eso no lo recuerdo, pero sé que gracias a mi padre escucho al Cuarteto desde los diez años.
 
Otra historia. En este caso francesa. Sería el año 2002, 2003. Sucedió que antes de iniciarse un concierto del Cuarteto, en una ciudad de las afueras de París, una pareja le hizo llegar una nota a los músicos. Una nota escrita en francés que, traducida, dice así:

Señores: unas palabritas para pedirles si no podrían tocar y cantar “Ven acá” esta noche. Estamos en la sala con nuestra hija Karen que ahora tiene veinte años y que fue acunada durante toda su infancia –así como sus hermanas– por esa canción que yo le cantaba… Muchas gracias.

“Ven acá” es “La casa del asiento de tortuga” (anónimo azteca recopilado por Miguel Ángel Asturias). Canción grabada a principios de los 70 con la que se abre este disco.

Más cerca de nosotros: en Villa del Parque vive una nena llamada Micaela. A los 9 años escuchaba en bucle la versión de “Mano Blanca” que grabó el Cuarteto Cedrón y la “Polka de la tarjeta de cartón”. De manera casual, la nena escuchó al Tata y luego buscó por las suyas…

Para que este tipo de cosas no fuera tan “casual”, años atrás, Tata junto a Jaime Torres imaginaron un proyecto para ir a las escuelas a presentar su música. Con la idea de que los chicos pudieran también formarse al contacto de lo que tienen para ofrecer. Un sonido. Una poesía. Una forma de tocar (y de amar a los demás, yo diría). Lamentablemente, el proyecto no pudo concretarse.

La idea de hacer esta antología se nutre de éstas y otras experiencias. También de la relación que mantienen el Cuarteto Cedrón y La Musaranga, de la inspiración mutua, que ha dado lugar a un espectáculo llamado “El Puchero Misterioso… y después”.

En este disco se han reunido grabaciones que por su ternura, por su belleza (y sin necesidad de pedirle al Tata que cante –horror– “para chicos”) pueden acompañar las infancias de nuestros hijos y también, a estas alturas, las de los nietos.

Ojo: lo que nos importa (a los que tenemos la voluntad de sacar este disco) es que ese sonido tan particular que componen la manera de cantar del Tata y el aporte de cada intérprete pueda ser escuchado por chicos. De ninguna manera nos interesa que se hagan versiones que adopten el tono meloso, modulado y “ñañañá” que a veces se usa con los niños (cf. Mafalda y los dichos de Guille sobre la manera en que ciertos adultos le hablan a los chicos; ver también Les Luthiers, Conjunto musical Los Honguitos, “Canción para moverse”).

Una última historia. Hace cosa de un año, me reuní por primera vez con Ana Longoni (investigadora, escritora) en el marco de unos trabajos que estaba haciendo. Llegamos puntual a la cita. Intercambiamos libros. Yo necesitaba leer el que ella acababa de publicar y le llevaba de regalo el libro sobre el Cuarteto Cedrón (Tango y Quimera). Vio la tapa, tomó el libro en sus manos, y me empezó a contar una serie de cosas. Una, sobre todo, me llamó la atención. Años atrás, me dijo, había estado en una plaza escuchando al Tata Cedrón con su hijito. Tendría unos cuatro años entonces. “Y a los gritos, mi hijo le pidió al Tata que cantara Los Ladrones…”

¿Cómo no pensar que estamos hechos también de lo que escuchamos? ¿Cómo no pensar que la música y la poesía pueden ser lo que nos une? Una manera de juntarnos. De reconocernos. De reencontrarnos.

Y una forma de transmitir, a quienes más queremos, algo de lo que nos importa.

AGC

1 comentario:

  1. Soledad Nívoli6:14

    ¡Muchas gracias por este hermoso regalo! Lo estamos disfrutando con Emiliano, que viene en camino. Abrazo grande a los queridos Cedrón.

    ResponderEliminar