Obra de Roberto Cedrón

Obra de Roberto Cedrón
Obra de Roberto Cedrón

viernes, 10 de marzo de 2017

jueves, 23 de febrero de 2017

Ojo

Cedronianos: por motivos ajenos a nuestra voluntad se corrió una voz que anunciaba encuentro el 27 de febrero en esquina ya histórica. No es así. Ruego tomar siempre la precaución de confirmar fechas ya sea por esta vía o recurriendo al facebook (página de seguidores del Tata Cedrón) que con mucha seriedad actualiza nuestro amigo J.G. Él mismo. Asi que si quieren ver al Tata y también a Roger Helou, Horacio Presti, Nicolás Arroyo, la fecha es hoy: 23 de febrero, el lugar es Hasta Trilce, el horario es 21.00 y el repertorio es Velay. Suerte ! 
LP.

lunes, 20 de febrero de 2017

Jamais deux sans trois...

Última fecha de Velay. Tata Cedrón, Roger Helou, Horacio Presti y Nicolás Arroyo estarán presentando el disco Velay este jueves 23 de febrero, en Hasta Trilce, Maza 177, 21 horas. Reservas por Alternativa Teatral. AQUI.


jueves, 16 de febrero de 2017

Sobre Velay

Cedronianos: les recordamos que a pedido del público hoy y el próximo jueves 23 de febrero se presentará "Velay" en Hasta Trilce - Maza 177 - 21.00 h. Compartimos un texto de Carlos Semorile sobre la presentación del 11 de febrero.

***

El Gaucho Cedrón


Anoche se presentó “Velay”, un hermoso disco que es un “friso sonoro” (como dice el propio Juan Tata Cedrón) de la “música de tierra adentro”: zambas, estilos, huellas, bailecitos, cuecas. Esa música que Juan escuchaba de niño en la casa de los Cedrón en Saavedra, y que siguió escuchando luego en Camet durante los años de “la década recontra ganada”. Más tarde aparecería Piglia y plantearía que ellos eran urbanos y que entonces correspondía hacer la otra música argentina, y lo que siguió es la conocida historia del Cuarteto. Tan manyada que anoche a Cedrón le reclamaron que cantase un tango, a lo que el Tata respondió: “¿Y qué estuvimos haciendo?”, como si clausurara la falsa dicotomía que muchas veces dividió las aguas.

Tanta música criolla se amontona (para usar la expresión de Tuñón) en la voz del Tata, “tan donosamente argentina” que dignifica un repertorio exquisito donde conviven Dávalos, Yupanqui, Buenaventura Luna, Falú, y hasta la poesía celeste de Leopoldo Marechal. En el disco y también en el escenario lo acompañan Roger Helou al piano, Horacio Presti en guitarra y Nicolás Arroyo en el bombo. Tata dice que es la primera vez que se presentan juntos “en vivo”, pero interviene Helou y afirma que en 2010 ya lo hicieron en Villa Urquiza y se arma una muy divertida controversia –onda Les Luthiers- que hasta parece guionada. Más allá del paso de comedia, lo cierto es que da la sensación que estos cuatro músicos formidables viniesen tocando juntos de toda la vida.

Habría que hacer varias menciones apartes: una para el refinado sonido del piano de Helou (refinado pero popular, soberbio pero ajustado a las melodías); otra para el delicado bombo y la bella voz de Nicolás Arroyo; y otra aún para el modo, a un tiempo intimista y potente, del canto y la guitarra de Horacio Presti. Y todavía una más para el Tata como puro cantor, sin viola, llegando a un registro dulcísimo de acariciar las palabras.

Finalmente, unas palabras respecto de la expresión “Velay” que da título al disco y sobre la que Buenaventura Luna hablara de esta manera en un reportaje de julio del ´45, en los albores de “la década recontra ganada”: “Debido a los sucesivos aluviones inmigratorios -que la Capital Federal absorbe en su mayor parte-, el sentido de lo tradicional ha ido insensiblemente alejándose hasta refugiarse en los valles y selvas más distantes del interior. Y así resulta que para el porteño de hoy saben a cosa pintoresca, casi exótica, usos y costumbres provincianas que para sus antepasados fueron familiares. Dicho fenómeno se hace más visible en punto a lenguaje popular, al extremo de que hoy suenan a indigenismo en la metrópoli ciertos giros, expresiones y hasta palabras, que aquí fueron de uso corriente años después de la Colonia, puesto que son de origen español, como el ‘Velay’, ‘cuzco’ por perro chiquito”.

Ni hace falta decir que el problema sigue siendo el mismo, esto es, contar con un lenguaje y una literatura musical que definan una identidad propia. Al decir “Velay” lo afirmamos, como quien dice “mirá ahí” la riqueza que tenemos y no conocemos, las bellísimas canciones que nos cuentan y que ya no cantamos. Pero la prodigiosa memoria del Gaucho Cedrón (como él mismo se definió anoche) conservó estos tesoros del mundo rural, ese mundo de la oralidad y la poesía palpitando en el interior de los troperos y guitarreros trashumantes, para que armemos un “Fogón de los Arrieros” que digan “Velay”.      

Carlos Semorile

domingo, 29 de enero de 2017

Volver a escuchar el programa de los viernes / Radio Nacional Folkórica


Se puede volver a a escuchar los programas radiales del Tata en los siguientes enlaces. Se recuerda que el programa se difunde entre 21.00-22.00 h. Es necesario avanzar un poco el cursador ya que automáticamente empieza en las noticias previas.


Viernes 27 de enero: PULSAR
Viernes 20 de enero: PULSAR
Viernes 13 de enero: PULSAR

Ver más programas ACÁ

sábado, 21 de enero de 2017

Notas y obras

Estimados Cedronianos,
Los invitamos a revisar algunas de las notas que Ricardo Acebal ha dedicado tanto a las últimas obras discográficas del Cuarteto como a la edición por la Musaranga de un libro de Miguel Praino. "Escritos de un violista memorioso".
Que disfruten las notas y las obras!
LP

jueves, 5 de enero de 2017

Presentación de Velay


Sábado 11 de febrero – 21 horas
Hasta Trilce
Maza 177

Entradas: 180 $

Reservas: 4862 1758 
alternativa teatral
Hasta Trilce 

Tata Cedrón – Roger Helou – Horacio Presti – Nicolas Arroyo


Arte de tapa: Pedro Hasperué

Sobre Velay


“El primer recuerdo que yo tengo de una canción es “zamba sí, penas no”. La cantaba uno de mis primos, Germancito, que murió de niño. Calculo que cuando escuchaba esa canción, yo tendría tres o cuatro años. Esto quiere decir que estas canciones me acompañaron desde siempre.

Me gusta hablar del sonido. De todos los sonidos. También tengo recuerdos de los tangos que escuchábamos cuando éramos chicos. Diferentes orquestas. La “música de tierra adentro”, así se lo anunciaba a Antonio Tormo.

Recuerdo, que cuando era pibe, se escuchaba mucho la radio. Cualquier persona podía seguir inclusive una radionovela caminando por la calle… En el taller de mi viejo, yo era el que limpiaba las piezas de los coches con kerosén, cebaba mates y conducía el dial de la radio. Esa radio, los ruidos, las voces, todo eso iba formando un friso sonoro.

Con los años, dentro de lo que es mi costumbre de pasar lo que sé, me encontré con un joven, Roger Helou, y al mostrarle cómo era el folklore de esa época, cuál era su poética, cuál era su estructura, nació la idea de trabajar juntos ese repertorio. No mucho antes, había tocado parte de esas canciones con mi hijo Emilio en un ciclo que presentamos en Francia y que se llamó “De otros caminos” en homenaje a Ramón Ayala.

Seguimos trabajando con Roger un tiempo. Más adelante incorporé a un viejo cómplice de los años 60-70, Horacio Presti, que participó en varios trabajos del Cuarteto Cedrón como intérprete y arreglador. Y Roger incorporó a Nicolás Arroyo. Estas canciones fueron primero presentadas en vivo, en distintos escenarios, y luego decidimos grabarlas (…)”

Tata Cedrón

Notas


domingo, 27 de noviembre de 2016

Cartografía de las pasiones



Fotografía de Carlos Vizzotto

El espectáculo se llama “Arrabal Salvaje”, y es un recorrido danzado por las canciones del Cuarteto Cedrón a partir de las coreografías de Andrea Castelli. Pero, ¿cómo?, ¿se puede bailar “Eche veinte centavos”? ¡Se debe! Nos los debíamos todos los que tirábamos pasitos tímidos debajo de las mesas, y en la oscuridad cómplice de los teatros. Hay un montón de temas del Cuarteto que invitan al abrazo, y hay otro montón de canciones cedronianas a las que uno nunca imaginó que iba a verlas bailadas e interpretadas por un cuerpo de profesionales de la danza. Pero esta última frase se revela muy pobre porque no refleja lo que uno sintió cuando vio esos cuerpos en estado de poesía.

En estado de poesía no sólo porque sean capaces de asumir y superar el desafío de poner en escenas algunos poemas nada fáciles, sino porque además interpretan una época mítica de zaguanes y glicinas, de sillas en la vereda y lances como estocadas, de romances afiebrados y cartas de amor ovilladas bajo un lazo punzó. Se trata, claro, de nuestra edad de oro, la de aquellos músicos, poetas y escritores que retrataron una comunidad que recitaba, cantaba y bailaba su propia identidad hecha canción. Pasaron ya muchos años pero cada vez que queremos recordar quiénes somos y de qué somos capaces, ella nos está esperando como una enamorada fidelísima.

Pero a los mitos no se los recrea de cualquier manera, ni es posible recuperar sus fulgores bajo las formas estandarizadas del “show b  usiness”. Se trata, por el contrario, de acceder a ellos por la “vía regia” de los ritos que nos fueron legados: un sonido que conmueve a los corazones y que sugiere una geografía conocida, una manera de acompasar ritmos y cuerpos, un modo de mirar a quienes amamos, un estado del alma que acompaña las alegrías compartidas y es solidaria con las inevitables desilusiones que nos da la vida. Una forma de transitar las calles, un estilo de convivir en los patios, unas ganas locas de que sean verdad aquellas pasiones que prometen consumirnos.              

¿Es real que se puede bailar todo esto? Si el rito actualiza el mito, como sucede en “Arrabal Salvaje”, es posible que se nos vaya la vida detrás de esas muchachas en flor y de esos jóvenes apuestos que dejan la piel en cada caricia y en cada despedida. Además, y esto acaso sea todavía más difícil de explicar, estas historias de parejas son seguidas de cerca por un coro (la comunidad misma) que jamás se desentiende de la suerte de cada uno de sus miembros. No hay soledad, abandono ni desamparado, aunque existan la pena y el adiós. Y desde esta orilla del tiempo, el Cuarteto los acompaña y la voz del Tata los asiste y los ampara, o los chancea y los empúa, pero siempre los cobija.

“Arrabal Salvaje” es una cartografía de las pasiones argentinas, esas mismas que le han dicho que ya no existen ni vale la pena hacer nada por recuperarlas. No les haga caso. Véalas, están ahí, en un recodo de su espíritu criollo que todavía palpita cuando suena un valsecito porteño y amoroso.   

Carlos Semorile

Arrabal

Arrabal Salvaje - Teatro El Popular 2016o

martes, 22 de noviembre de 2016

"Siempre durará"



Arte de tapa: Pedro Hasperué


Acaba de editarse un disco doble que contiene dos trabajos extraordinarios que, si en nuestro país tuviésemos justicia cultural, sonarían en cada casa. El primero es “Velay”, un disco más que lindo, precioso, delicado, potente, emotivo… Dice el Tata: “El primer recuerdo que yo tengo de una canción es “Zamba sí, penas no”. La cantaba uno de mis primos, Germancito, que murió de niño. Calculo que cuando escuchaba esa canción, yo tendría tres o cuatro años. Esto quiere decir que estas canciones me acompañaron desde siempre”. En “Velay, música de tierra adentro”, se enhebran joyas tales como “Pampa del Chañar”, la “Canción del jangadero”, “Viene clareando”, “Tuna-Tunita” y “Nostalgias tucumanas”, entre varias otras. 

“Con los años –relata el Tata-, dentro de lo que es mi costumbre de pasar lo que sé, me encontré con un joven, Roger Helou, y al mostrarle cómo era el folklore de esa época, cuál era su poética, cuál era su estructura, nació la idea de trabajar juntos ese repertorio (…) Esas canciones fueron primero presentadas en vivo, en distintos escenarios, y luego decidimos grabarlas”. Recuerdo una de esas presentaciones en una casona de Villa Urquiza donde escuchamos extasiados a Cedrón y Helou, y confieso que no imaginé que se pudieran hacer mejor. Y las hicieron todavía más bellas al incorporar a Nicolás Arroyo y a Horacio Presti, quien ya había participado como intérprete y arreglador en distintos trabajos del Cuarteto Cedrón. Una mención aparte para el estilo “Cuando te fuiste”, que empieza en la pampa y, merced al charango de Jaime Torres, va escalando la geografía argentina hasta instalarse en la puna.

En el segundo disco, “Mojarrita Porá, la música amontonada del mundo”, conviven formaciones del Cuarteto de distintas épocas. Hay grabaciones inéditas que pudieron ser rescatadas para que el Tata las cante casi cuarenta años después, y hay registros contemporáneos del Cuarteto. En todas ellas se destaca la maravillosa voz del Tata al frente, desde siempre identitaria pero más plena y más libre al correr de los años. Y está también la savia nueva guiada por Cedrón y el Profe Praino de un modo formidable, manteniendo el mismo espíritu y alcanzando nuevas cumbres de lirismo cedroniano.

Dice el Tata que este trabajo, que reúne “Velay” y "Mojarrita Porá", “no se estructura como muchas veces en torno a un poeta ni en torno a un género musical. Acá se codean Camões, Quevedo, Vallejo, De la Púa, Ayala, Tuñón, Cantarella (Tiburcio Porvenir), Manzi, Luna, Dávalos, Torres, Yupanqui, Rocca, Tormo, Presti, Jaimes, Marechal, Barraza, Canales, Aredes, Falú, Pardo, Praino, Arolas y García Castro (…) Hay una paleta sonora (…) Se trata de un homenaje a ese friso sonoro que nos ha acompañado. “La música amontonada del mundo”, como dijo Tuñón”. Me atrevo a agregar que estos discazos se estructuran, como toda la obra del Cuarteto, en torno de la belleza y del amor que nos llenan el alma. Y, si como dice Camões, “el alma vive eternamente, y el amor está hecho de alma y siempre durará”, el Cuarteto “siempre durará”.

Carlos Semorile