Obra de Roberto Cedrón

Obra de Roberto Cedrón
Obra de Roberto Cedrón

jueves, 16 de febrero de 2017

Sobre Velay

Cedronianos: les recordamos que a pedido del público hoy y el próximo jueves 23 de febrero se presentará "Velay" en Hasta Trilce - Maza 177 - 21.00 h. Compartimos un texto de Carlos Semorile sobre la presentación del 11 de febrero.

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El Gaucho Cedrón


Anoche se presentó “Velay”, un hermoso disco que es un “friso sonoro” (como dice el propio Juan Tata Cedrón) de la “música de tierra adentro”: zambas, estilos, huellas, bailecitos, cuecas. Esa música que Juan escuchaba de niño en la casa de los Cedrón en Saavedra, y que siguió escuchando luego en Camet durante los años de “la década recontra ganada”. Más tarde aparecería Piglia y plantearía que ellos eran urbanos y que entonces correspondía hacer la otra música argentina, y lo que siguió es la conocida historia del Cuarteto. Tan manyada que anoche a Cedrón le reclamaron que cantase un tango, a lo que el Tata respondió: “¿Y qué estuvimos haciendo?”, como si clausurara la falsa dicotomía que muchas veces dividió las aguas.

Tanta música criolla se amontona (para usar la expresión de Tuñón) en la voz del Tata, “tan donosamente argentina” que dignifica un repertorio exquisito donde conviven Dávalos, Yupanqui, Buenaventura Luna, Falú, y hasta la poesía celeste de Leopoldo Marechal. En el disco y también en el escenario lo acompañan Roger Helou al piano, Horacio Presti en guitarra y Nicolás Arroyo en el bombo. Tata dice que es la primera vez que se presentan juntos “en vivo”, pero interviene Helou y afirma que en 2010 ya lo hicieron en Villa Urquiza y se arma una muy divertida controversia –onda Les Luthiers- que hasta parece guionada. Más allá del paso de comedia, lo cierto es que da la sensación que estos cuatro músicos formidables viniesen tocando juntos de toda la vida.

Habría que hacer varias menciones apartes: una para el refinado sonido del piano de Helou (refinado pero popular, soberbio pero ajustado a las melodías); otra para el delicado bombo y la bella voz de Nicolás Arroyo; y otra aún para el modo, a un tiempo intimista y potente, del canto y la guitarra de Horacio Presti. Y todavía una más para el Tata como puro cantor, sin viola, llegando a un registro dulcísimo de acariciar las palabras.

Finalmente, unas palabras respecto de la expresión “Velay” que da título al disco y sobre la que Buenaventura Luna hablara de esta manera en un reportaje de julio del ´45, en los albores de “la década recontra ganada”: “Debido a los sucesivos aluviones inmigratorios -que la Capital Federal absorbe en su mayor parte-, el sentido de lo tradicional ha ido insensiblemente alejándose hasta refugiarse en los valles y selvas más distantes del interior. Y así resulta que para el porteño de hoy saben a cosa pintoresca, casi exótica, usos y costumbres provincianas que para sus antepasados fueron familiares. Dicho fenómeno se hace más visible en punto a lenguaje popular, al extremo de que hoy suenan a indigenismo en la metrópoli ciertos giros, expresiones y hasta palabras, que aquí fueron de uso corriente años después de la Colonia, puesto que son de origen español, como el ‘Velay’, ‘cuzco’ por perro chiquito”.

Ni hace falta decir que el problema sigue siendo el mismo, esto es, contar con un lenguaje y una literatura musical que definan una identidad propia. Al decir “Velay” lo afirmamos, como quien dice “mirá ahí” la riqueza que tenemos y no conocemos, las bellísimas canciones que nos cuentan y que ya no cantamos. Pero la prodigiosa memoria del Gaucho Cedrón (como él mismo se definió anoche) conservó estos tesoros del mundo rural, ese mundo de la oralidad y la poesía palpitando en el interior de los troperos y guitarreros trashumantes, para que armemos un “Fogón de los Arrieros” que digan “Velay”.      

Carlos Semorile

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