Obra de Roberto Cedrón

Obra de Roberto Cedrón
Obra de Roberto Cedrón

lunes, 17 de agosto de 2015

A los que quieran agregar su voz al malón, ahí va la letra...



CAMBIOS

 
“no olviden los orgullosos/ que cuando a la tumba vayan/ allí
[lo mismo se rayan/ humildes y poderosos”
pero nosotros no solamente queremos la igualdad en la muerte
también queremos la igualdad en la vida
queremos la justicia en vida

¿por qué estaba triste ese peón de ferrocarril en la mañana
apoyado contra la verja de la estación?
¿por qué se le perdía la mirada sin ver a nadie de los que
[pasaban junto a él?
¿por qué estaba triste ese hombre?

¿por qué hay tantos hombres y tantas mujeres tristes en el
[país?
¿por qué a cierta hora del día parece que un oleaje de tristeza
fuera a arrasar la ciudad?
¿por qué tanta gente sale por sus ojos así o saca por sus ojos
[tristeza?
¿por qué esa tristeza golpea de noche las ventanas?

estas reflexiones suben en mí
metido en la litera alta de la celda 4 en el pabellón de castigo
[de la cárcel Villa Devoto
eugenio abajo oye su radio a transistores
un rayo de sol pasea lento por la celda
¿por qué se pasea ese rayo de sol por acá?
eugenio quedó encorvado por las torturas pero no sacaron una
[sola palabra de él
eugenio es un obrero tierno delicado
no le sacaron una sola palabra

la mujer de Eugenio a veces llora sin saber por qué
interminablemente, sin saber por qué llora y deja la casa una
[semana o dos
lo deja a eugenio una semana o dos
un rayo de sol pasea por la celda ahora

¿y yo? ¿por qué estoy oyendo crepitar la tristeza de eugenio
 si sé que hay pocos tan puros como él?
¿entonces su pureza no lo defiende del dolor?
¿a veces se le pierde la mirada sin ver a nadie de los que pasan
[junto a él entonces?
en las celdas de enfrente
los comunes no tienen ni litera ni colchón
a medianoche les dan un colchón para dormir
tienen que ir a buscarlos desnudos

los guardiacárceles obligan a los comunes desnudos a correr
tirarse al suelo arrastrarse para buscar el colchón
el invierno no puede calentar las baldosas heladas del
[pabellón de castigo
eugenio se encorva más todavía cuando el jadeo de los comunes
[choca contra la puerta de la celda 4

¿esos ruidos tapan las crepitaciones de la tristeza de eugenio?
¿eugenio crepita de furor ahora?
¿la tristeza se congela en pajaritos que arden de furor?
¿en furor va a dar la tristeza de los pobres del mundo?
¿la tristeza de ese peón de ferrocarril dará en furor?

¿un oleaje de furor arrasará la ciudad?
¿arrasará las literas del pabellón de castigo de la cárcel de
[Villa Devoto?
¿arderán las baldosas heladas del pabellón y los comunes y
            [¿nosotros?

nosotros no solamente queremos la igualdad en la muerte
también queremos la igualdad en la vida
queremos la justicia en vida
aunque sea corta y larga la muerte


poesía: Juan Gelman
música: Juan Cedrón
DEL GALLO CANTOR. CANTATA (1972)  

Version original ya que no disponemos todavía de la versión Cuarteto Cedrón - La Lija que se está escuchando EN VIVO en estos días en Hasta Trilce 

Acá: Juan Cedrón / Miguel Praino / César Stroscio / Jorge Sarraute / Paco Ibañez / François Rabbath

domingo, 16 de agosto de 2015

Viernes y sábados cedronianos



Resulta terriblemente emocionante pasar, en estos días, de un escenario a otro por obra y arte de estos artistas empecinados a quienes día tras día, con la ayuda de Juan Granero, acompañamos acá en el Cedroniano y en el facebú ad hoc, y “de cuerpo presente” todas las veces que se puede. Los viernes en El Popular, con la Musaranga, con el Puchero Misterioso y después…, con todo ese mundo mágico, delicado, amoroso, generoso, imprescindible puchero que le da de comer al almita (porque los cedronianos también tenemos almita). Los sábados, estos sábados, en Hasta Trilce, con la Lija, con la Cantata del Gallo Cantor, con la obra rescatada, con toda esa historia argentina y latinoamericana latiendo ahí como corazón herido que no tiene la más menor intención de morirse. En ambos escenarios: el Cuarteto Cedrón. Y de un viernes al sábado, de otro viernes a otro sábado, uno ve que hay ahí entre un espectáculo y otro las dos puntas que, desde siempre, marcaron el universo del Cuarteto, las que encarnan –en lo poético– las figuras de Gelman y de González Tuñón. No hay necesidad de elegir, nos podemos llevar todo y uno se siente agradecido por eso.

sábado, 15 de agosto de 2015

Sobre el Puchero Misterioso - Un espectador



Que quiere que le diga? Yo también me dije: circo criollo? Y recordé
viejas lecturas, recuerdos de mi abuelo...Pensé "cosas de viejos.."
Todo comenzó un día en que mi nieta me dice: me acompañás a ver un espectáculo? Cuál?, le digo. El Puchero Misterioso, me dice. Hay autómatas, marionetas, y otros misterios con la Compañía Nacional de Autómatas. También buena , que digo buena, buenísima! música con el Cuarteto Cedrón completo.
Y no terminan allí las cosas. Porque siempre hay un después, y ese después ocurre en el coqueto barcito del teatro. Usted no ve nada nuevo, si no que los ve a los que vio en el escenario, de al lado, tipo peña, haciendo cositas que no vio en el espectáculo, o canciones inéditas o fuera de programa, o nuevos agrupamientos inesperados de artistas o músicos. Es que allí los artistas están como en casa. Y entonces uno descubre cosas, los tiene a mano, se aviva que son unos profesionales de primerísimo orden, pero sin maquillaje, con arruguitas en la frente los más veteranos, con resplandor en los rostros los más jóvenes, y todos con una actitud de decir o casi gritar: "esto? esto es prepotencia de trabajo".Que es decir amor, de antes de la banalizacion del termino dicho con voz de doblaje de serie yanky, "oie amor cohe el carro, apúrate cariño"...No, este amor es rugoso, osco, rabioso, amor por la gente, amor al amor, llamado desesperado a no ser "turrito" para no tener que decirle a su prójimo "rajá, rajá".
Y estos tipos y tipas se emocionan!...y te emocionan. También si no te emocionás con La Musaranga, el Cuarteto Cedrón, Raúl González Tuñón o con Nelly Omar sos de madera...
Y yo, con mi nieta salí transformado, que es según los que saben el fin último de una obra de arte. Léalo como quiera o pueda.
Detrás nuestro bajaba una pareja, "nos mimaron Julián..." dijo ella, "como caricias" alcancé a escucharlo a él, y màs tarde, tomando un último cafecito mi nieta me dijo, "te brillan los ojos Nono".
No le dije "a vos te cuelga una lágrima". Ella lo sabía.

espectador contento

viernes, 14 de agosto de 2015

Poema para un niño que habla con las cosas

(Adolfo Enrique, n. 1/3/55)

En su lenguaje de pequeños gritos,
de claras risas sueltas, porque sí,
como el trino.
De silencios vehementes.
De interjecciones adorables.
Viajando y preguntando con los ojos.
Radiante como el bebé que posara hace años,
¡muchos años!... para el afiche del Jabón Cadum,
que yo vi en las esquinas de un París inefable,
Adolfo Enrique habla con las cosas,
conversa con las flores de la tela estampada,
con sus juguetes diminutos,
con las navizas de un vecino huerto,
con el durazno en flor pintado
por el viejito Chi Pai Shi,
con el duende del techo,
con la dama dormida del sillón
-en la copia del cuadro de Picasso-,
con un hilo de luz, con una sombra
en la pared, y acaso,
con otro niño igual, pero invisible,
que se llama Futuro,
y hacia él va cantando

Llega hasta él cantando
entre veletas y panaderías.
Llega hasta él cantando
entre ferrocarriles, entre buques.
Llega hasta él cantando
entre tabernas, entre multitudes.
Llega hasta él cantando
entre gaviotas, entre florerías.
Llega hasta él cantando     
entre poleas, entre chimeneas.
Llega hasta él cantando
entre retornos, entre despedidas.
Llega hasta él cantando
entre palomas y guitarras.
Llega hasta él cantando
entre gentes que saben porqué viven y mueren.
Llega hasta él cantando
entre gentes que saber porqué ríen y bailan.
¡Llega hasta él cantando!

El verano plural que estalla en el prodigio
de la Argentina, vio nacer su nombre.
Adolfo, por Adolfo Rodríguez, un romántico,
un soñador, un hombre.
Enrique por Enrique, mi hermano, una bandera,
una pasión, un hombre.
El vivo sol de enero vibraba en la vereda.
Y la ilustre León de las ásperas gredas
y el río caudal de la caudal Asturias
y el aire enamorado de morriña y donaire
de las gallegas tierras,
corrieron por los finos canales de su sangre.
Y hacia la noche lo besó la luna.

Toma este mundo Adolfo Enrique, es tuyo.
Te lo presento (“¡Gracias!”). Cuando yo sólo sea
una querida voz que se ha callado,
un plinto vegetal de enredadera,
un nombre en una lápida, quizás obliterado,
un yuyo del sendero,
has de seguir la marcha hacia el Octavo Día.
Cantando, si tu voz quiere ser canto.
Combatiendo, si sigue pelea.
Y después, ya maduro, el mundo nuevo
que ayudaste a forjar, verás alzándose
por sobre las montañas del hierro y el cemento
y la fábricas y las mieses soñadas
y los puentes calientes y los ríos fantásticos.
Cuando vayas al fondo del destino
y un corazón, crecido con pan, esté esperando.

Toma este mundo, es tuyo. Te lo entrego.
El oficio de hombre es bello y duro.
La calle es ancha y larga.
Su frontera, el recuerdo y el olvido.
Sus horizontes, algo que vendrá.
No es puro idilio, no, pero es algo real y mágico.
Digno de ser vivido y defendido
y superado y transformado y andado por caminos de amor hacia la aurora,
en los días risueños y en las tristes jornadas.
Y amado, amado, amado.
Toma este mundo. Te lo doy por nada.
Y pasarán las horas y las horas.
y crecerán tus años. ¡Ay, que ninguna pena
destiña la amapola
celeste de tus venas!
Y un mundo más hermoso, más para ti, más alto,
para ti, pequeñito,
porteño estilizado y compadrito,
pero como si fueras
rebrote de torito,
rebrote de torito de Guisando,
pues tu dulzura devendrá tu fuerza.
Gala de Buenos Aires, flor del día,
gajo triunfal de bien plantada madre:
Esta mujer que tiene algo de árbol,
(la terca voluntad de hacer de ti,
el capitán de la imaginería,
la madera más noble, el viento más alegre,
perfumado en el sol y la armonía).

Toma este mundo, cuídalo.
Es una cosa seria y es una simple cosa.
Conquístalo, contémplalo, ámalo para siempre,
musical niño mío,
predilecto del pan y de la rosa.

Te lo regalo, es tuyo.
Y te regalo un barco
y te regalo un barco dentro de una botella.
Una bota de vino
que vino del Mesón del Segoviano.
Un farol marinante.
Las golondrinas y las mariposas.
Una sirena anclada en el estante.
La bandalisa de los circos pobres.
La luna en el espejo.
Un mapa, un numeroso y palpitante mapa,
un mapa con las rutas
que siguiera Juancito Caminador, tu viejo.
La Esperanza.
Y una caja de música que traje de la estrella.
Toma este mundo, tómalo. ¡La vida es vasta y bella!
Mira siempre allá lejos, hijo mío… Allá lejos.

Raúl González Tuñón